El reto más grande: que yo encuentre a Roy, no me quiero morir sin encontrarlo

Después de que hice el reportaje en 2012 sobre las personas y los colectivos que bordan pañuelos para dejar constancia de las y los desaparecidos en México, me hice amiga de Letty en el Facebook. Esa red social, que en ocasiones parece vacía y plagada de cosas vanas, me ha permitido testificar desde entonces, a lo largo de más de una década, el enorme amor de ella por sus dos hijos, claro, pero el que demuestra todos los días por Roy a través de su lucha incansable por encontrarlo, de sus muchas acciones y su congruencia. Lo que no deja de sorprenderme es que ella lo hace desde el amor que siente por Roy, y que es tan grande que, me parece, incluso la protege de situaciones tensas o donde otras personas, por lo regular políticos, pretenden aprovecharse de ella y de su lucha. Recuerdo la ocasión en que, en 2018, Margarita Zavala se presentó ante un grupo de ONGs de Nuevo León para buscar su apoyo cuando quiso ser candidata a la Presidencia de México por la vía independiente. Letty logró que, pese a su reticencia, una de estas organizaciones registrara su nombre en la lista de asistentes. Así, ante la propuesta de Zavala de continuar con la política de guerra abierta contra el narcotráfico iniciada por su esposo, el ex presidente Calderón, y todo lo que desató en contra de la ciudadanía, Letty tuvo oportunidad de decirle, con serenidad y una dignidad inconmensurable, “No es cierto Margarita, no es a través de las pistolas que nos vas a traer la paz y a nuestros hijos desaparecidos. Es a través de que voltees a ver a las víctimas”. Lamentablemente, no creo que a la fecha exista un funcionario o político, hombre o mujer, con la sensibilidad y empatía necesarias para acompañar a los familiares en esta lucha, que para ellos no tiene periodos gubernamentales, sino que es continua. Por eso también entiendo cuando Letty ha expresado: “Que los ojos de las y los desaparecidos los sigan a donde vayan y los llantos de sus madres nunca los dejen dormir”.

Afortunadamente, los apoyos más valiosos, y que para ella y Roy nunca han faltado, son los que vienen de la sociedad civil. Hace poco, por ejemplo, la banda regia de rock y ska Inspector la convocó a ella, junto con otras personas, para participar en el video de su sencillo “Grita” (https://youtu.be/99xN7k1MyiU?si=d-cvw4wWl-0rshLI), cuya letra habla del dolor que se acumula y la importancia de sacarlo incluso gritando.

Letty también colaboró en la serie “Vivo para encontrarte”, de cortos animados que reflejan el trabajo de los colectivos de familiares de desaparecidos, dirigida por Carlos Hagerman y Jorge Onder Villalobos (https://www.facebook.com/watch/145539447942/856679871950064).

Pero no son los únicos, ha habido obras de teatro, programas de radio, tesis, foros y, entre otros esfuerzos, actividades anuales en la Plaza de los desaparecidos de Monterrey, llamada así porque tiene murales pintados con los rostros de aquellos a quienes buscan.

Yo pude conocer presencialmente a Letty un 10 de mayo, pues, hasta antes de la pandemia, por lo menos, ha procurado venir a la Ciudad de México a conmemorar esa fecha con una marcha cuyo propósito es que todos tengamos presentes a las madres que luchan. Ha venido en otras ocasiones, ya sea para cursos sobre temáticas que fortalecen su lucha y su búsqueda por Roy y por tantos más, lo mismo que para presentarse ante el Congreso federal con exigencias más que justas. Cuando es posible la veo, aunque sea de manera fugaz, pues su agenda siempre es intensa. Como ella, yo anhelo que pronto aparezca su hijo mayor, estudiante promesa de la Universidad Autónoma de Nuevo León al momento de su desaparición. Por eso, y porque mi muy querida y admirada Letty representa a muchas otras madres que en este México herido buscan a sus hijas e hijos desaparecidos, para mí es un enorme privilegio que haya aceptado formar parte de estas Poderosas 50, y se lo agradezco con toda mi alma.

Con todo mi corazón, #AMiMeFaltaRoy #FuerzaLetty

Letty querida, ¿cómo estás en esta etapa de tu vida?

Llegar a esta edad lo veía muy lejano, decir cincuenta parecía demasiado. Dentro de todo realmente me siento bien, con la energía para encontrar a Roy, en este país que no nos da tregua. Un día estamos llorando por unos y al otro día estamos llorando más fuerte por otros y cuando crees que ya no puede haber algo peor, sale algo peor. No nos deja descansar como para pensar más en una misma, aunque sí trato de hacerlo, para que no me gane la depresión, la angustia, la incertidumbre. Tengo mi caminadora, por ejemplo, y tengo mi bicicleta y cosas que me procuro, pero sí me es muy difícil y cuando lo hago, lo hago sola, muy sola. No tengo una compañía que me esté animando, aunque tampoco quiero tener compañía todo el tiempo.

Platícame cómo es la relación que tienes con tu cuerpo…

He estado como en contra mía, de mí misma. Ay, voy a empezar a llorar y no quiero, pero así lo siento. He pensado que debo de cuidarme realmente, porque a final de cuentas soy la única que me tengo y por más cuidados o cariño que me den las personas que están muy cerca y alrededor mío, la única que se puede cuidar para poder continuar, para poder estar bien, soy yo. Todavía no me atrevo a hacerlo, pero sí, no estoy muy bien con mi cuerpo. Es parte de la misma situación que vivo. Con esta angustia a muchas les da por no comer, a mí me da por estar comiendo a cada rato y fumando mucho, pero es que nada más abro los ojos y siento un nudo en la garganta. La angustia siempre está presente, pero sí quisiera quererme más para cuidarme, porque necesito estar bien. Hay mucho sentimiento de culpa y es cuando a lo mejor no me quiero mucho, pero dentro de todo esto siempre he buscado la cordura, siempre he estado preocupada por tener una psicóloga, siempre he estado preocupada por hacer ejercicio, por estar sana. Si algo me hace daño, sobre todo mentalmente, lo evito, lo corto, lo quito y eso me hace bien.

¿Qué ves cuando te miras en el espejo?

Me empiezo a reconocer, empiezo a sonreírme a mí. Eso es lo que me ha pasado y lo que he percibido de mí y me ha gustado, porque me vuelvo a ver, a lo mejor, como hace muchos años. No sé si es que estoy empezando una etapa de sanación, que la he procurado. Trato, pero sí me es difícil.

Y de la menopausia que no se habla, ¿cómo te ha ido?

Creo que al año de la desaparición de Roy empecé a sentir la menopausia, pero no tuve tiempo para preocuparme por ella. Era terrible por los sangrados fuertes, porque así me dio a mí. Se presentaban y luego ya no, y luego a los seis meses otra vez, pero no le presté mucha atención. Ahora me han dolido mucho las muñecas, pero no sé si es debido a la osteoporosis, no estoy segura, porque también estoy mucho con el celular, siempre con uno o dos celulares en la mano.

¿Cuál ha sido tu experiencia en lo que se refiere a la equidad de género?

Viviendo todo lo que se vive en este patriarcado tan fuerte, Dios me estaba dando toda mi vida herramientas para poder sobrevivir a esta situación. En mi niñez yo era la única niña que tenía una mamá que trabajaba, era enfermera. Siempre tuve esa visión y mis papás siempre se encargaron de alimentarla: yo tenía que estudiar, tenía que trabajar y tenía que desarrollarme. Lo vi como algo normal y como lo mejor para la vida de cualquiera, de las mujeres, sobre todo. Nunca pensé que podía estar dependiendo de alguien o casarme para estar en la casa. Mis papás siempre procuraron estas ideas, un poco más libres. Me hice maestra a los diecinueve años, mientras terminaba la carrera y ahí me quedé. Con mis alumnas y alumnos procuré no tener ideas misóginas, incluso con mis hijos: enseñarles siempre acerca de la igualdad y del respeto. En 2011, el año que nos sucede la tragedia, el director que estaba en ese momento me da permiso de no regresar en enero, que era cuando empezaba el siguiente semestre. Fue un director con sensibilidad y conciencia. Siempre pensamos que iba a ser algo rápido, que en cualquier momento recuperábamos a Roy. Jamás en la vida pensamos que íbamos a estar tanto tiempo buscándolo. En 2012 hice mis arreglos para mi jubilación, bueno los hicieron y confié, y me jubilé a los veintinueve años y medio de servicio.

¿Qué papel ocupa la pareja en tu vida?

Me casé porque me decían que me tenía que casar. El papá de mis hijos tenía treinta y ocho años y yo veintiocho, ya éramos grandes. Fuimos muy felices, nos amamos y vivimos muy bien, hasta que nos divorciamos. Con lo de Roy no quiero, ni me veo ni espero tener una pareja. Creo que me estorbaría y no me apetece. Sí me siento sola en algunas ocasiones, pero no creo que alguien me pueda entender y no tengo ganas de explicar nada. Es lamentable para mis papás, porque ellos me quisieran ver con alguien, acompañada y protegida. Eso es lo que mis papás quisieran ver en la casa, un protector.

Me imagino que lo que vivieron y vives ha implicado desafíos en tu relación con Richie, tu hijo menor… ¿Cómo ha sido?

Muy complicado, sobre todo al principio de la tragedia. Lo que se nos presentó es una situación difícil, pero mi segundo hijo, Richie, siempre ha comprendido que nunca voy a dejar de buscar a Roy. Pero yo me decía: “Estoy como un ciego guiando a otro ciego, yo no puedo estar haciendo esto con Richie”. Necesitaba darle un poco más de armas sin mí y decidimos que él estuviera un año lejos, en otro país, porque, cómo explicarle a mi hijo, que es el hermano de Roy, que todo va a estar bien, que si él estudia, que si él no sale, que si él se cuida, que si se porta bien todo va a estar bien, si sabe que eso no es una garantía. ¿Cómo convencerlo? Se fue para desintoxicarlo y ya cuando regreso sí vino diferente, sí logró ver que hay otra vida, sin estar preocupado siempre. Habló conmigo y me dijo: “Tú síguele, pero yo me voy a quedar aquí al lado, no quiere decir que no busque a Roy, pero alguien tiene que estar aquí”. No sé si me decía como con los pies en la tierra o que él me tenía que cuidar a mí, como un sostén, pero así lo hemos hecho. Sigo enfrascada en la búsqueda, pero también tengo que ver a Richie. Es estar partida con dos corazones, uno con la ausencia y la falta de respuestas y el otro en la vida. Además, creo que con el camino que hemos recorrido y todo lo que hemos hecho, desde lo más sublime que sería bordar y luego tener ya está fuerza que te dan los amigos solidarios, el hombro de otra mamá y de empezar a conocer realmente a las autoridades, entre comillas, porque luego ya empezamos a conocer que no eran las autoridades que uno imagina cuando jamás has pisado un Ministerio Público, cuando jamás has conocido un penal, cuando jamás has conocido este ambiente, este monstruo y que los empiezas a ver tan ineptos, tan incompetentes, tan serviles. Los fuimos midiendo, se nos cayó la idea de que había cierta autoridad y nos fuimos educando con todos los amigos solidarios que nos hablaban de las Madres de la Plaza de Mayo y de los juicios públicos que ellas hacían. Estas organizaciones de derechos humanos nos fueron dando cursos y nos fuimos involucrando en toda esta red, así como con los periodistas. Todo ha sido aprendizaje, pero estos núcleos son los que nos dieron las armas y las fuerzas, porque empezamos a ver que las autoridades no iban a buscar a nuestros hijos y que no tenían ni la más mínima idea de cómo buscarlos, porque son de papeles en un escritorio. Siempre ha habido declaraciones mías, desde el 2011, cuando pude hablar, porque duré seis meses casi sin hablar por el mismo trauma, no podía ni salir ni nada, yo les decía: “Es que necesitamos sus ojos, sus piernas, sus manos”. También aprendimos que sí se necesitaba la ley, que las idas al Congreso también son necesarias. Todo eso nos fue enseñando mucho, luego ya nos involucramos en las cuestiones forenses, con el caso de Brenda Damaris. Con ella empezamos la teoría de lo que ya habíamos oído de lo forense para tenerlo a la mano, estudiamos los protocolos de la Cruz Roja Internacional y luego vino Ciencia Forense Ciudadana, que es otro grupo al que nos integramos y que nos siguen hablando de esas temáticas, pero seguía siendo un tema de foros y talleres, en el escritorio, en las oficinas gubernamentales, en la oficina del Ministerio Público… Pero a nosotros nos urgía que salieran al campo, que usaran sus manos, sus piernas, sus ojos, sus sentidos para buscarlos y pasaron cinco años y nunca logramos que lo hicieran, o nos decían que lo hacían, pero no nos constaba y lo poco que hacían lo hacían tan mal, que era como si no lo hubieran hecho. Al principio todas las organizaciones de derechos humanos, las que nos apoyan y nos han enseñado e incluso los grupos forenses, todos estaban en contra de que nosotros saliéramos. Nosotros, los familiares, siempre dijimos: “Vamos a buscar nosotros” y todos se oponían, que porque no sabíamos, que porque íbamos a contaminar las escenas, que porque no iban a valer las evidencias, que porque no nos correspondía… y decíamos: “Si estuviéramos en un país de primer mundo, donde la policía y todo mundo hiciera lo que debe de hacer, pues no lo haríamos, pero si no estamos en esa situación tenemos que hacerlo”. Así hemos estado luchando desde los primeros momentos, hasta que por fin salió el primer grupo en Iguala, mucho antes de los 43 normalistas, luego Tamaulipas con otra de las compañeras que hemos conocido, Graciela, que nos platicó cómo iniciaron y nos enseñaba fotografías y decíamos: “Esto es lo que tenemos que hacer todos nosotros, los familiares”. Luego fueron las Rastreadoras de Sinaloa y el Grupo Vida de Coahuila, a quienes les pedimos apoyo y nos vinieron a enseñar, y así con todas estas herramientas, pero de parte de la misma sociedad. Nosotros fuimos el quinto grupo en salir a buscar. Todo esto nos ha hecho fuertes.

¿Cómo ha sido para ti la vivencia de lo femenino?

Mi mamá trabajaba como enfermera y nunca la vi como mujer. Cuando entré a trabajar mis alumnos eran muy cercanos a mi edad, así que por querer verme mayor y ganar su respeto me empecé a arreglar, a pintar, y se me hace que ahí yo le enseñé a mi mamá. Ahora tiene ochenta y tres y se ve muy bien, gracias a Dios. Es muy lúcida y no aparenta la edad que tiene. Pero ella me ha enseñado más que la cosa por fuera, por dentro. Muchísimas cosas de las que he hecho en la lucha de estos últimos años han sido por ella. La primera vez que salí a la 7ª zona militar me armé de valor por ella y cuando me vio decidida, aunque también se moría de miedo, agarró una libreta pequeñita y un lápiz y me los dio y me dijo: “Apuntas todo, que no se te vaya a pasar nada”. Ahora tengo más de diez libretas llenas. Cuando ella me dio esa libreta y esa pluma es como si me hubiera dado un arma de verdad, porque a los que están en las instituciones no les gusta verte con una libreta ni que apuntes nada. Después de lo que ya me había dado toda mi vida, mi mamá me armó de valor y me dio mucho más.

¿Hay miedos?

Como creo que ya no hay nada más doloroso que nos pueda pasar, todos los problemas para nosotros no son tan graves. Gracias a Dios, y creo que eso es algo significativo, en FUNDENL hemos podido transformar el dolor: lo pasamos a la indignación, luego a la rabia y luego a la acción en campo. Sí hay dolor desbordante, siempre, es terrible, pero siempre lo que más, más hay es amor para nuestros hijos, hijas, esposos, nietos, hermanos, para ellos todo y para los amigos solidarios. Es que es lo que nos ha mantenido así, fuertes, este tejido que hemos logrado hacer.

¿Y retos?

Mantenerme saludable. Le doy gracias a Dios cuando me despierto y me puedo bañar y me puedo agachar y puedo caminar, porque me preocupa no estar saludable. Y el reto más grande: que yo encuentre a Roy, no me quiero morir sin encontrarlo, y si no es a Roy que sean los demás, pero necesitamos encontrarlos, a todos los que podamos encontrar. Y sobrevivir en este México tan terrible.

¿Hay espacio para lo espiritual?

Muy al contrario de lo que le pasa al 95% de la gente que sufre la misma situación que nosotros, que se alejan de ellos, a nosotros nos sucedió al revés: se nos llenó la casa de amigos, de familiares, para ver en qué podían ayudar. Llegaron unos vecinos que no conocíamos a ofrecernos oración, unos de un grupo cristiano y otros de un grupo católico. Acepté a los dos, porque necesitaba urgentemente hablar con Dios y pedirle explicaciones, pero el testimonio que vino a cambiar mi vida, para sentirme bien, fue el de uno de los compañeros de Roy, mi hijo. Me contó que primero se peleó con Dios, y ahora ya iba a entrar al seminario y todo por Roy. Me dijo: “Yo le dejé todo el paquete a Dios y le recomiendo que así lo haga usted”. Así es como empecé a tener otra idea de Dios, a tener una relación de tú a tú con Dios. Esto de “Nada te turbe, nada te espante”, lo he aplicado mucho. Sé que le hablo y me responde, son como unos flashes que yo siento y así es como me he guiado espiritualmente. Y me da paz. Orar me da paz. Pensar en Dios me da paz. Hablar con Dios me da paz.

(Fotografías proporcionadas generosamente por Leticia Hidalgo Rea)

2 Comments

  1. Lety, mi solidaridad y respeto contigo. Y no solo contigo, sino con todas las personas que buscan a sus hijos, a sus compañeros de vida; mi solidaridad con las madres y padres de hijos e hijas encarcelados injustamente; con los levantados; es decir, con todas las víctimas directas e indirectas, en nuestro muy adolorido y lastimado país. Desde nuestra trichera, Miguel y yo tratamos de poner nuestro granito de arena en Viceversa, el medio que él dirige. Yo me digo cada día: “que la injusticia y la barbarie no me sean indiferentes, porque voltear la cara hacia otro lado, y no ver y no empatizar, te convierte en cómplice.

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