Vivimos unos nuevos cincuenta, no me cabe la menor duda 

En septiembre de 2016 cumplí cincuenta años. Siempre he disfrutado renovar ciclos, pero nunca antes me había detenido a reflexionar sobre una edad en particular. Esa vez fue diferente. Casi automáticamente comencé a recordar a mi mamá y a varias de sus amigas cuando se referían a “las cincuentonas” de su época, siendo ellas poco más jóvenes. Por esas charlas imaginaba a mujeres “guardadas” porque “ya habían cumplido”. Se habían casado jóvenes, los maridos estaban jubilados o a punto de hacerlo, la hipoteca estaba saldada, los hijos grandes, algunas ya con nietos… Si tienes diez o doce, los cincuenta parecen muchos y no me lo cuestioné. Aunque he de decir que a mi madre no la visualizaba de esa manera: era hiperactiva, trabajaba, viajaba y cuando se hizo abuela tenía cuarenta y ocho años, y con Ángela, y después con los otros dos hijos de mi hermano Paco, Natan y Diego –sus tres nietos mayores, de los seis que son–, podía estar de rodillas por horas, jugando con ellos como una jovencita. Más tarde llegaría el cáncer a hacer grandes estragos en su cuerpo, pero ya estaba cercana a los setenta años y había dejado también bellas impresiones en mi hijo Matías, al dedicarle largas tardes de canto y juego. Así que no, nunca la vi “guardadita”, pero por alguna razón esa imagen de “las cincuentonas” se me quedó grabada en alguna parte del cuerpo, e hizo que al llegar al famoso “quinto piso” me viera en el espejo con otros ojos.  

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El día que nací, un 17 de septiembre de 1966, con mi mamá y mi papá.

Mi pingo (niño travieso) tenía once años y yo me sentía igual e incluso mucho mejor. Hasta ese momento gozaba de un muy buen estado de salud y no me gusta estar quieta; por lo general, lo que me falta es tiempo porque siempre deseo hacer más. Trabajo como profesional independiente y dado que eso es azaroso a todo digo que sí, lo cual ocasiona que, a veces, esté comprometida con dos o tres proyectos a la vez y duerma poco, sumado a que me gusta dedicarle tiempo a mi hijo y a cuestiones personales. No soy súper woman ni malabarista, me organizo y trato de disfrutar la vida lo más posible. Pero sí, en septiembre de 2016 me vi, sonreí y me alegré mucho. No soy una cincuentona y tampoco estoy –como afirman artículos que han aparecido en tiempos recientes en una u otra revista femenina– “en los nuevos treinta”. Confieso que me invadió un gozo particular. “Está padrísimo tener esta edad con tantas cosas por hacer”, pensé. Luego comencé a observar a mi alrededor, a mis propias amigas contemporáneas –porque tengo mayores y más chicas–, y fue muy grato percatarme que no era la única. En ellas hay sensualidad, arrojo, inteligencia, liderazgo, belleza, capacidad, donaire… ¡Wow, qué maravilla! Por supuesto que de las más cercanas conocía también los altibajos, los momentos duros, las pruebas, la tristeza que a ratos se junta más que en otros… pero todas brillaban y yo sabía que era porque se trataba de otros cincuenta, vigorosos, potentes, espléndidos, de los que en verdad no se estaba hablando. 

Se me ocurrió, como me suele pasar, emprender un proyecto personal a modo de auto-regalo: conversar con mis amigas e iniciar un blog acerca de estos nuevos cincuenta. Era una idea nebulosa, pero me lancé a ella con gran entusiasmo. ¿Por qué podíamos hablar de una nueva generación de mujeres de cincuenta años? De manera intuitiva tuve un entendimiento inicial: la expectativa de vida se había alargado, algo que el INEGI pronto me confirmó: en los años setenta era de sesenta años y actualmente es de poco más de setenta y seis, lo que por sí sólo ya implica varias transformaciones y retos. Pero había más. 

Sin ser historiadora ni docta en el feminismo, podía reconocer que somos hijas de un cambio y que, en muchos casos, nuestras mamás y papás habían atravesado por una encrucijada: transmitir la educación conservadora que los había formado, a la vez de impulsar que sus hijas accedieran a otros esquemas de vida. Por lo menos en mi casa así fue: dos mujeres (yo la mayor), dos hombres (los de en medio), y mis papás esperaban que los cuatro llegáramos a concluir una carrera universitaria. Mi mamá solía decirme: “Estudia o trabaja para que no dependas de nadie”, y los quehaceres de la casa los repartía por igual (barrer, trapear, sacudir, poner la lavadora, tender la ropa, limpiar el refri, los baños o la estufa, regar el jardín, cocinar…), en cuyo caso les decía a mis hermanos: “No sé si se van a casar o no, pero su esposa no va a ser su sirvienta, y si viven solos no van a hacerlo en un tiradero”. Esta actitud marcaba una diferencia coyuntural, en especial con la educación que había recibido mi papá en su casa paterna, donde eran seis hermanos, tres hombres y tres mujeres, y cada una tenía asignado a uno de ellos para atenderlo a la hora que fuera (la ropa limpia y planchada, la comida caliente…). Un esquema machista que trajo conflictos en los primeros años del matrimonio de mis padres, porque mi papá esperaba una continuidad y a mi mamá la habían consentido, quizá en demasía, una madre soltera y un hermano mayor. Yo testifiqué varias discusiones que hoy entiendo bajo otras luces, a la vez que reconozco en mi papá –quizá porque comenzó a pensar más en el futuro de sus hijos y luego en el de sus nietos, que en su pasada juventud–, una transformación importante que no le resultó sencilla e implicó largos años. Aunque, claro, mientras eso sucedía no todo fue “miel sobre hojuelas”.  

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Me permitieron ser traviesa desde pequeña.

Cuando en la secundaria me empezaron a invitar a fiestas, no sólo me ponían hora de llegada, sino que insistían en que mi hermano Oscar me acompañara, a lo que él se negaba con una tenacidad feroz, y entonces Paco, mucho más chico, salía al quite de lo más feliz, porque nació con alma bullanguera. A mí me parecía ridículo ir con mi hermano-niño y a la larga preferí quedarme a leer o hacer reuniones en casa. Sí… no fui una buena “abridora” para mi hermana menor, Claudia, que años después tuvo que lidiar con esa fase a su propio modo. Pero fuera de esos temores o prejuicios de mis padres por ese vínculo extraño entre mi ser mujer y el reloj (ciertas horas podían ser “indecentes” por sí solas, sin que hubiera una explicación clara, como tampoco la hubo para la sexualidad ni para el “te cuidas” tan genérico que me daban cada vez que salía a la calle), siempre me impulsaron a estudiar lo que yo quisiera, sin límites de ningún tipo, y también lo hicieron durante la profesión, para que yo creciera. Ahí estuvieron, de manera constante y entusiasta, tanto mi mamá como mi papá. De hecho, era común que mi mamá me dijera: “Que no exista un no en tu vocabulario”, para no ponerme pretextos a mí misma, mientras que mi papá alentaba de manera permanente mi curiosidad e inquietudes. El cuidado extremo que nos tuvieron a los cuatro, como familia, en mi caso lo agradezco, porque hoy reconozco que me mantuvo en una burbuja de ingenuidad hasta mucho después de mis primeros años de trabajo, y sé que influyó en gran medida para el carácter optimista que tengo.  

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Con mi mamá y mis hermanos Oscar, Paco y Claudia en alguna de las bellas calles de Morelia.

Por otro lado, también llegué a los cincuenta reconociendo que, si bien no soy nativa digital, al igual que otras mujeres de mi generación soy muy diestra y, como le digo a mi hijo, nosotras funcionamos siempre, sin depender del Wifi, del Waze o del GPS y, en muchos casos, varias fueron generadoras activas de esta era digital, como desarrolladoras o creativas. Para mí, venir de un mundo análogo muy activo y ahora ser digital es sinónimo de ventajas, así, en plural, y lo he comprobado más de una vez. Pero había más por explorar, así que tomé mi grabadora y me fui a entrevistar en principio a mi amiga Elisa Lozano, a quien agradezco infinito, no sólo por sumarse sin resquicio de duda a esta iniciativa, sino porque me permitió entrevistarla dos veces. La primera fue más una conversación larga sobre la edad y cómo la veíamos en comparación con las mujeres que nos antecedieron; muy valioso todo lo que compartimos, pero me di cuenta de que tenía que estructurar mejor mis intereses y fue así como surgió una lista de temas que se convirtieron en guía para tratar de resolver por qué me intrigaban tanto estos nuevos cincuenta. A lo largo del proceso, fue curioso descubrir que a más de una le sorprendieron las preguntas –“ontológicas” las calificó en su momento Marina Stavenhagen–, y hubo quien esperaba que la entrevista girara más en torno al trabajo y lo que habían logrado, aunque luego se relajaban y todo fluía mejor de lo esperado. Más que a lo que hacen quise asomarme a quiénes son, aunque claro que hay un vínculo transversal entre ambas cuestiones. Traté de abordar aquello de lo que platicamos poco, los muchos tabús que acompañan la edad, lo mismo que aspectos que han sido quisquillosos, en especial porque tendemos a generalizar y, actualmente, a polarizar en términos de absoluto, en vez de profundizar en los matices, comprender los contextos y empatizar mejor con la diversidad que nos caracteriza. 

Con esa nueva base es que volví a entrevistar a Elisa y me acerqué a otras queridas y admiradas amigas, Rossana Barro y Ana Mansilla, gracias a quienes tuve otra revelación: era imposible hacer un blog. Era tan valioso y especial lo que se desprendía y compartía que el formato no podía hacerle justicia. La semilla del libro se asomó y germinó pronto. Primero, en referencia a los años, pensé en llamarlo Poderosos 50, pero casi enseguida me percaté que la edad por sí sola no es más que otro número en la cuenta de los días, y la gran diferencia la harían las entrevistadas. Fue así como me propuse llegar a conversar con cincuenta mujeres que estuvieran en sus cincuenta, en esta década que recién yo iniciaba y que me estaba sorprendiendo y, sin un afán feminista, pero sí para honrarlas, desde ese instante el nombre ha sido Poderosas 50. Además de tener claridad en este título, que me ha servido como faro en este camino, y de reconocer que tendría que acercarme a muchas otras mujeres, más allá del círculo de mis amigas, tratando de que no todas fueran de la Ciudad de México, determiné otra condición esencial: debían ser mujeres que reflejaran esos nuevos cincuenta, esa energía nueva, esa actitud imparable ante la vida, porque, vaya, desde los veinte o los treinta puede toparse uno con personas, lo mismo mujeres que hombres, que ya están muy cómodas en algún rincón que hallaron y no se preocupan más por crecer o por hacer algo de sí mismas; “ya se dejaron”, diría mi abuela, y no es lo que yo pretendía explorar. 

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Con mi hermana menor, Claudia, presente desde que tengo memoria.

Con estas dos premisas, la edad y la actitud, inicié con una perspectiva más amplía el periplo para ir sumando conversaciones. Estando en la primera fase y porque la vida es bienaventurada, me contactó para desayunar juntas mi amiga Blanca Charolet, una fotógrafa a quien quiero y admiro y que, coincidentemente, estaba cumpliendo cincuenta años de trayectoria, dado que inició en el oficio de la lente en su preadolescencia. Y lo menciono como un hecho afortunado por otras razones, además de esa coincidencia. Fue en 1999 cuando yo conocí a Blanca. Acababa de leer una reseña de una de sus exposiciones individuales titulada La tortura como belleza, donde hacía un manifiesto muy potente sobre varios deber ser que la publicidad impone a las mujeres, y que cobraban un cariz aún más especial tratándose de una fotógrafa que tenía como pilar el retrato de artistas para portadas de discos y revistas o para sus books personales, y dentro de ese universo era una persona muy apreciada –lo sigue siendo–, tanto por su talento, como por su calidez y calidad humana. Sin más razón que el deseo por conocerla la busqué y conforme evolucionó nuestra amistad supe de otras de sus facetas e intereses en el ámbito profesional, reconociendo siempre su gran capacidad para hacer retratos desde muy diversos ángulos (¡tan sólo ver los ejemplos que están en sus paredes impresiona, tanto por la cantidad como por las personalidades!). Aunque el aprecio mutuo ha sido constante, dada su agenda intensa y mis horarios poco convencionales, vernos nunca ha sido fácil; que llamara y que ambas pudiéramos encontrarnos puede decirse ahora que estaba predestinado, porque cuando le conté a Blanca acerca de Poderosas 50 por supuesto que me dijo: “Tiene que haber retratos”. Claro que estaba tomándole fotografías a mis entrevistadas… con mi celular, porque algo que también deseaba cuando emprendí esta aventura era concluirla sin depender de otros o de que yo tuviera o no recursos para llevarla a cabo, y pensando así, no era posible contemplar un presupuesto para retratos. Recuerdo que me pidió que se los mostrara y que lo hice con pena, porque si bien estaban “encuadrados” y en foco, los iba a ver una gran maestra. Con la amabilidad que la caracteriza, Blanca los observo con atención y al devolverme el celular soltó implacable: “Están muy bien para Facebook, pero no si vas a hacer un libro”, y enseguida me dijo: “Yo los hago” y comenzamos a intercambiar ideas para que ella pudiera definir un concepto. 

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Con mi querida Blanca Charolet, fotógrafa a quien admiro y conozco desde hace tantísimos años.

Nunca podré agradecerle a mi querida Blanca lo suficiente, porque el proceso de los retratos me demostró otras facetas de esta generación. A cada una le dedicó tiempo para platicar, para hacerlas sentir a gusto, yo creo que también para estudiar sus rasgos y gestos antes de ponerlas finalmente frente a la cámara. Y si bien algunas, por su actividad, tienen una experiencia notable con la imagen personal y llegaron al estudio de Blanca con mudas y accesorios diferentes, la mayoría nunca se había dado la oportunidad de tener una fotografía hecha por una persona profesional: todas las retratadas terminaron absolutamente satisfechas con la vivencia y los resultados. Para enfatizar la energía y la vitalidad de esta nueva generación de mujeres en sus cincuenta, Blanca agregó el apoyo de un ventilador con la finalidad de retratar, simbólicamente, esa energía en movimiento e hizo su magia, apoyada por Ely Carranza, su asistente y cómplice, a quien también agradezco. A cada una de estas Poderosas 50 le pedimos ir a su sesión vestidas como quisieran, con la salvedad de no utilizar estampados, y con o sin maquillaje, como se sintieran a gusto, sabiendo que en dado caso habría un poco de “polvos para evitar los reflejos” y ya.

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Con mi papá, jugando a ser grande.

Aquí quiero agradecer infinitamente a cada una, porque además de brindarme generosamente su tiempo para las entrevistas, luego lo hicieron para sus retratos y en ambos casos también me obsequiaron su plena confianza, sabiendo que se trataba de un proyecto personal, que en su momento encontraría la forma pertinente para transformarse en libro. Para algunas fue complejo dejarse ir en la sesión fotográfica. A pesar de haber racionalizado y trascendido en el discurso la exigencia de los estereotipos, ciertamente se imponían una auto percepción que no encajaba con esa presión social ante la existencia de arrugas o canas o sobrepeso, pero, al final, como lo expresaron muy bien varias, haberse dejado retratar por Blanca les ahorraba una o varias idas al psicólogo, porque en todas las fotografías salieron espléndidas, y al redescubrirse desde esa mirada se les elevaba inmediatamente la autoestima, justo porque nuestra adorada fotógrafa logró retratar esa vitalidad única que las hace aún más hermosas. 

Lograr entrevistar a cincuenta mujeres vitales no fue sencillo y no porque no existan. Incluso ahora muchas personas me dicen: “Si te hacen falta yo conozco a una que deberías contemplar”. De hecho, a final de cuentas entrevisté a cerca de sesenta, pero por una u otra razón que no vale la pena detallar, están aquí las que debían estar, sin duda alguna.  

Cabe subrayar que, por tratarse de un proyecto personal, cuando los que me generan ingresos demandaban mi tiempo debí hacer pausas y así transcurrieron tres años, con sus pros y sus contras, además de que al año a mí y a todo México se nos atravesó un temblor grave y la atención tuvo que ponerse en apoyar, porque en esa ocasión no fue sólo la Ciudad de México la afectada, sino numerosas comunidades de otros estados. Por ello, fue en 2019 cuando realicé las últimas entrevistas y pude incluir a personas que tres años atrás no hubiera contemplado, simplemente porque aún no alcanzaban esta edad, lo que fue muy positivo; en tanto algunas de las entrevistadas con anterioridad llegaron a sus sesenta años y, como es lógico, todas evolucionaron y tuvieron cambios: optar por dejarse las canas en lugar de retocar periódicamente el tinte o tener pareja y casarse, son dos ejemplos, además de que hijas e hijos no dejaron de crecer. Pese a esto, y aunque con la respectiva dimensión cada uno de estos sucesos es importante, estoy segura de que no perturban lo conversado.  

A lo largo de este rico, riquísimo proceso tuve aprendizajes importantes y en más de una ocasión regresé a casa con cuestionamientos que me confrontaron. Conceptos como maternar, maternaje, matrilinaje, matrona, matriarcado, sororidad, mujeridad, mujeril, descolonización del cuerpo femenino, gineceo, resultaron nutricios. Sin razonarlo, fui a verme en el espejo que es cada una. Creo que el resultado es una conversación ampliada con sus varios matices; lo que comenzó como una iniciativa personal terminó siendo un proyecto colectivo. La sola diversidad que representa este grupo de mujeres extraordinarias es una gran enseñanza; además de sus respectivas profesiones, las hay que nunca quisieron hijos y las que soñaron con tenerlos, las que fueron madres jóvenes o las que como yo lo hicieron en forma tardía, aquellas a quienes les costó casi la vida y tuvieron que optar por la adopción y las que tienen hijos propios, conviven con los de la pareja y tienen otros juntos; de igual modo hay quienes gozan su soltería, han pasado por el duelo al quedar viudas, se han divorciado, practican el poliamor o tienen parejas de largo aliento… por sólo mencionar dos de las temáticas por las que las conversaciones fluyeron. También hay constantes, como la claridad en el deseo de disfrutar más la vida, priorizar la salud y dejar de estar al pendiente de la opinión de otros. Una sabiduría que se refleja en las miradas y en esas risas contagiosas que se sueltan con todas las ganas y si las arrugas afloran da igual. A la par, prevalece una razonable preocupación por el tema económico, sobre todo por la vulnerabilidad que puede plantear una posible enfermedad y el anhelo de no llegar a depender de otros en la vejez, mientras que la inseguridad en el país no genera miedos hacia sí mismas, sino en función de los hijos, la familia, los seres queridos. 

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Esperando a Matías, en verdad resultó la espera más dulce.

En cada caso inicié preguntando ¿Cómo te sientes ahora, en este momento de tu vida? y, sin dudarlo, casi en su totalidad la respuesta fue “muy bien, feliz, activa”. Después indagué sobre la relación con el cuerpo, qué pasa con la presión social hacia la mujer y los estereotipos, qué ven cuando se miran en el espejo, qué opinan de estos “nuevos cincuenta”, cuál es su situación respecto de la menopausia, qué opinan y cuál ha sido su experiencia en lo que se refiere a la equidad de género, si hay pareja o no hay pareja por qué, si hay hijos o no hay hijos por qué, los desafíos que implica educar a una mujer o a un hombre, la vivencia actual de la sexualidad, si existen miedos, cuáles son sus retos actuales, cómo viven la feminidad y cómo fue la construcción de este aspecto, su acercamiento a lo espiritual… Ninguna conversación fue igual y en más de una ocasión hubo preguntas complementarias, porque finalmente no existen recetas y no puede haber vidas homogéneas cuando los vericuetos por los que se ha transitado son absolutamente personales. Con mi amiga Roxana Villalobos nos llevó toda una mañana la primera pregunta y entendí que siempre estamos construyéndonos como mujeres, definiéndonos y que reflejarnos en otras y dialogar es un obsequio. 

Como comenté, todas se sumaron a esta iniciativa sin más explicación que mi deseo por ahondar en estos nuevos cincuenta y me pareció que de ese modo la espontaneidad de las respuestas brindaba más elementos. Sólo hubo una excepción. En 2012 hice un reportaje sobre el movimiento de colectivos que en México y otros países se dedicaban a bordar pañuelos con el nombre de los desaparecidos en nuestro país, como una forma elocuente de denuncia y construcción de la memoria (https://www.sinembargo.mx/05-12-2012/449678); como parte del mismo entrevisté a Leticia Hidalgo Rea, a quien durante un asalto con lujo de violencia en su casa le arrebataron al mayor de sus hijos, Roy, a quien todavía no encuentra. Por empatía, por solidaridad y enseguida por admiración y cariño nos volvimos tan cercanas como permite la distancia entre la Ciudad de México y Monterrey, su lugar de residencia. Quería incluirla en este proyecto por ella misma, pero también porque reconozco, con profundo dolor, que su herida atraviesa a muchas mujeres de nuestro país. Por lo mismo, para mí era fundamental que ella supiera de antemano que además de hablar de la edad y el cuerpo y los hijos, en su caso de Roy y Richie, existían otras preguntas en torno a cuestiones como la sexualidad y lo femenino, para que, si decidía participar, nada la tomara por sorpresa y se sintiera cómoda. Amorosa como es, aceptó hablar conmigo de todos los temas y de lo comentado en cada uno yo extraigo lecciones valiosas. Gracias de nuevo, mi querida Letty, sabes que a ti y a tus hijos los llevo siempre en mi corazón. 

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Con mi mamita linda, a quien sigo y seguiré extrañando.

El proceso de la transcripción de entrevistas fue laborioso. De las más cortas salieron un mínimo de doce cuartillas y las más largas sobrepasaron las treinta. Para no atrasarme aún más recurrí al apoyo de dos mujeres que estaban en sus florecientes veinte: María Fernanda Monroy Gallardo y Vianey Nolasco. Marifer trabajó varios días en mi casa y conforme avanzaba me hacía comentarios de todo aquello que le parecía importante y más tarde Vianey, que laboró en su casa, me las hacía llegar después de haber subrayado, por iniciativa suya, todo lo que calificó como relevante. La verdad, me entusiasma pensar que lo aquí compartido es significativo para generaciones más jóvenes y me reafirma que nuestra generación tiene mucho qué decir.

Aquí me parece esencial comentar que, a lo largo de algunas charlas y aun sabiendo que estaban destinadas a publicarse, me confiaron sucesos dolorosos, íntimos o polémicos, y en ningún caso me pidieron que los omitiera. Yo los comparto aquí con un carácter anónimo, porque el propósito nunca ha sido fomentar el morbo, sino ahondar y compartir una experiencia generacional. A una de ellas la violaron en su casa, un prestador de servicios como tantos que contratamos (electricista, plomero, “el del Internet”…), de modo que no sólo cimbraron ese hogar íntimo y vulnerable que es el cuerpo, sino el hogar que compartía con sus hijos, donde descansa, donde sueña… Sanar implicó, para ella, recorrer un largo camino de diez años. Yo la conozco desde hace mucho y no lo sabía; me sorprendió y dolió cuando lo dijo al platicar de estos nuevos cincuenta. Aunque lo mencionó con cierta distancia, sé que son hechos que se te quedan en el cuerpo. Lo bueno es que es un ser luminoso y esa luz sobrepasa todo. A otra, en algún momento una de sus hijas le confesó que es lesbiana, una revelación a partir de la cual ella se ha documentado para acompañarla mejor y para enfrentar los posibles actos de discriminación que pudieran presentarse en el futuro. Otra de estas Poderosas 50 mujeres se sintió “rara” desde su adolescencia, pero no encontró la guía apropiada para comprender la razón. Tuvieron que sucederle varias cosas, como un primer matrimonio y la maternidad, para sacar a flote la intuición e internarse por propia voluntad en un psiquiátrico. Se permitió un año de pausa para sí misma, para comprender lo que le ocurría, para recibir la ayuda pertinente afuera y dentro de esa institución de salud mental. A partir de esa experiencia y de una revisión de lo que había sido su vida hasta ese momento, le otorgó otro significado a varios episodios relevantes. Entre otras cosas muy sensibles y valiosas, me dijo: “Fue algo muy difícil, porque si tienes un hueso expuesto lo puedes explicar, ‘fue un accidente’, pero una enfermedad mental es un tabú, un prejuicio poderosísimo. Me preguntaba: ‘¿Y si saben? ¿Y si me descubren?’. Finalmente, muy poca gente a mi alrededor conoce esta condición, porque no es necesario. Creo que es una parte importante que las mujeres deben saber: que también las enfermedades mentales existen en la condición de la mujer, e incluso, estadísticamente, por ser mujeres son más probables. Pero no es para que nos condenen, porque nosotras no somos la enfermedad; pero si nadie habla de la menopausia y de la sexualidad, menos se va a hablar de las enfermedades mentales. Y a mí se me hace muy importante que, en este momento, cuando en este planeta empiezan a descubrirse más curas y hay casos que hasta ya se pueden operar, que se conozca y se hable de este tema”. Una más me dijo que, cuando comenzó en su década de los cincuenta: “Me entró un rollo sexual muy fuerte, como reborn de la sexualidad. Es rico coger bien, pero, ni modo, no se da con todos, depende de la química. Implica ser open mind y relajarse. Hablo del poliamor, donde puedes tener una relación amorosa con varios hombres, más o menos a la vez. No sé, igual puedo seguirme así forever and ever, pero sí me gustaría tener a alguien para compartir otras cosas, no nada más la cama”. Creo que estas confidencias hablan de resiliencia, de trascendencia, de confianza en sí mismas, de un empoderamiento que no fue otorgado o posibilitado desde fuera, sino desde muy dentro de cada una. ¡Gracias! 

Algo que los cincuenta años también nos traen de una manera clara es la conciencia de la mortalidad y en ocasiones la aparición imprevista de enfermedades. Rindo homenaje a dos mujeres únicas –les daré su especial espacio–, que si bien cuando conversé con ellas desbordaban energía y estaban llenas de proyectos, hoy ya no están con nosotros. La muerte temprana de Grace Quintanilla y más adelante la de Lillian Haugen me duele en lo profundo, pero sus reflexiones y enseñanzas quedan conmigo.  

Por otro lado, además de superar el temblor de 2017 y lograr concluir las entrevistas en 2019, el mundo entero se cimbró con el Covid-19, que al principio trajo a México historias realmente devastadoras de cómo se vivía esa enfermedad mortal, por lo menos en los primeros meses, en países de Asia y Europa, para más tarde imponernos una cuarentena y luego un tiempo prolongado de aislamiento, que nos forzó a encontrar nuevas formas de estudiar, trabajar y mantenernos conectados con las personas queridas. En mi caso, como llevo muchos años trabajando desde casa, el mayor reto fue tratar de acompañar lo mejor posible la adolescencia de un hijo que recién comenzaba a tomar vuelo, cuando las circunstancias le impusieron detenerse en seco. Luego, en esas ideas que nacen muy dentro y afloran para encontrar sus mejores senderos, se me ocurrió ofrecer en Facebook, para ese periodo de encierro, un curso gratis de escritura creativa a todo el que quisiera. Si bien al principio se inscribieron demasiados, al final quedó un grupo increíble de personas de la Ciudad de México, pero también, gracias a las ventajas del universo digital, de Monterrey, Guadalajara, Toluca, Querétaro, Argentina y Bolivia. Así, por más de un año nos reunimos dos veces a la semana para escribir y permitir que las emociones afloraran. Además de los textos el resultado fue un generoso grupo de amigas y amigos, cuya presencia ha resultado esencial para esta etapa de mi vida. Después, 2022 me sorprendió con un tumor grande (poco más de 12 centímetros), cuya singularidad era producir tanta insulina que me bajaba en demasía la azúcar y eso ocasionaba que mi mente y yo no funcionáramos como debíamos funcionar. Fue menester dedicar largos meses a hacerme estudios, operarme y recuperarme. Para mi fortuna estoy de nuevo perfecta; de hecho, siento como si me hubieran dado un refresh con la energía a tope y un renovado impulso por hacer cosas que me permitan disfrutar más la vida, compartirla con la gente que amo y explorar mis capacidades creativas. Hoy observo con más atención a qué y a quiénes dedico mi tiempo y cómo, porque ya sé por experiencia propia que la salud es frágil y el tiempo así resulta mucho más valioso. Y aquí es donde este querido proyecto de las Poderosas 50 vuelve a estar en el primer sitio de mis prioridades, después de la pausa larga y necesaria, primero por la pandemia y todo lo que trajo consigo, y luego por el afán de recuperar mi salud y recuperar-me yo misma, en un sentido muy amplio del término. 

Con mi hermana en agosto de este 2023, en Tlaxcala

Cuando comencé las entrevistas mi hijo tenía 11 años y ahora es un joven de 18. Yo sigo en los cincuenta y tengo la enorme deuda de compartir esta conversación ampliada. De ahí que retomé la idea inicial de hacerlo en un blog, para evitar más retrasos. Si bien lo haré en una forma distinta a la edición que ya había hecho y con la esperanza de que el tiempo sea propicio para que se puedan hacer los diez retratos que aún están pendientes: dos por tratarse de personas que viven en el norte del país, una en Mexicali y otra en Monterrey, y las otras ocho porque fueron las últimas que realice antes de que el mundo se volviera un tanto ajeno a todos. 

De todo corazón, creo firmemente que el logro de este proyecto es resultado de un esfuerzo colectivo, no sólo por la talentosa aportación de Blanca Charolet, sino por la confianza y la presencia única de estas cincuenta maravillosas mujeres que se prestaron a desgranar sus cincuenta conmigo y sin las cuales mi asombro no hubiera trascendido. ¡Gracias infinitas, Poderosas 50!  

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La primera foto que nos tomó a Matías y a mí mi querida Blanca Charolet.

Cabe decir, antes de dar por iniciada esta travesía, que hacia el final de las charlas pregunté qué significaba para cada una la plenitud y las respuestas son un compendio precioso, lean nomás: 

Plenitud 

Hacer lo que una ama. * Estar contenta y bien con una misma. * Estar en paz. * Está asociada con el bienestar en la salud, pero sobre todo con el bienestar interno. * Estar satisfecha contigo misma en todos los sentidos. * Cuando te conviertes en alguien menos egoísta y aprendes a disfrutar. * La conciencia y la libertad de hacer lo que quieres en el momento que quieres y como lo quieres. * Tiene que ver con lo espiritual, muchísimo, con encontrar la paz y la armonía. * Congruencia entre lo de adentro y lo de afuera. * Es una sensación, no se puede describir con palabras. * No sé si exista como un estado permanente, pero sí en intensos momentos. * Por un momento de plenitud vale la pena el riesgo, la semana, el mes, todo. * Es como un sentimiento hasta físico. * Se parece mucho a sentirte cómoda en tu pellejo. * Estar satisfecha con lo que haces y tener la sensación de que importa. * Vivir con el convencimiento de que realmente estás haciendo tu papel como ser humano. * Un estado de vida al que llegas después de haber trabajado las áreas que te interesan y haberte logrado colocar donde quieres estar. * Encontrar a Roy, eso sería. * Gozar el estar contigo misma. * Cuando te sientes satisfecha por lo que estás aportando. * Es más que el rollo material. * Cuando vas transitado de una manera armoniosa, amorosa y te sientes segura en tu espacio de trabajo. * Que puedas hacer lo que te gusta, pero que sobre todo haya mucho respeto en tu entorno de trabajo. * Una gran serenidad. * Que tengas a tus familiares y a la gente que quieres y que los goces. * Agradecer por cada cosa que tengo y valoro. * Algo muy parecido a la felicidad. * Aprender a identificar tus emociones, a dejar ir lo que no necesitas, a retener lo que es tuyo, avanzar si tienes que avanzar, detenerte si tienes que detenerte, a tolerar, pero sin sufrimiento, aceptar lo que no puedes cambiar y cambiar lo que tienes que cambiar. * Hacerse cargo de una misma. * Estar consciente de que es mi responsabilidad ser feliz. * La completud al conocerte a ti misma. * Hacerte responsable de tus cambios, de tus traumas, de tus mecanismos de defensa, de tus competencias, de tus fortalezas, de tus áreas de oportunidad, de lo que aprendiste y de tus conocimientos. * Dejar de enfocarte en lo que no tienes y mirar lo que sí. * Un estado anímico donde te sientes completa. * Tener consciencia de que somos seres plenos. * Vivir sin frustraciones y sin estrés. * Balance. * Rodearse de las personas correctas, las que te van a ayudar a ser la mejor versión de ti misma y tú a ellas. * Encontrar ese ámbito donde una pueda dar y disfrutar al máximo. * Es como la felicidad o el orgasmo, no es algo donde uno pueda quedarse mucho tiempo. * Ser fiel a mí misma. * Estar al 100% en grandilocuencia por la existencia, que es cuando todo se da y todo está en la perfección. * Son momentazos, porque no son todos los días ni todo el tiempo. * Un suspiro de gracias, vida. * Vivir lo que sea con valor, tanto las pérdidas, como los miedos, los dolores, las alegrías y los momentos de luz. * El espacio donde puedes tirar todas las creencias mentales para estar en paz y solamente ser. * La libertad de ser. * Lo que estoy viviendo. * Asumir lo que eres y, si no te gusta, cambiarlo. * La felicidad de mis hijos. * La satisfacción de hacer lo que quieres para ti. * Permitirme ser quien soy. * Poder compartir tus experiencias y que le sirvan a alguien más. * Sacarle jugo a mis capacidades. * Disfrutar cada día, incluso con sus malas horas. * Reconocerme vulnerable. * La entiendo como un principio, no como un final. * Cuando volteas hacia atrás y ves todo lo que has recorrido. * Un gran regalo. * Aceptarse tal cual. * Hacer lo que quieras en el momento en que estás. * Que no me limite nada, ni mental ni físicamente. * La consciencia de envejecer con más salud. * Parte del ciclo de la vida. * La posibilidad de seguir construyéndola, ese pequeño espacio insatisfecho para seguir tejiendo alrededor. * Híjole, va y viene. * Diario hay un momento de plenitud. * Poder sentarme y ser dueña de mi tiempo. * Encontrarle chiste a la vida en cualquier sitio. * Ese momento de felicidad y éxtasis único. * Nunca me la había planteado. * La plenitud es decir ya la alcancé y me da miedo alcanzar la plenitud, porque significa que ya no tengo espacio para mejorar. * Poder hacer uso de tus capacidades y de tu libertad para ser útil para los otros. * Tener tiempo para mí, para mi hijo, para poder realmente gozar lo que quede de vida sin sentirme presionada. * El equilibrio. * La capacidad de estar en el momento en que te toca estar. * La aceptación de tu pasado, con sus errores y aciertos. * Estar respirando y en cada respiración decir esto es todo lo que puedo hoy y aquí y lo disfruto y agradezco. * No tener ningún pendiente laboral. * Poder vivir una vejez sin dolor. * Estar abierta a que puedan venir más y mejores cosas para crecer y ser mejor. * Tener capacidad de dar, sin pensar en recibir. * Relacionarte con el mundo que te elige y eliges. * Estar cómoda con mi cuerpo y aceptar los cambios. * Estar muy a gusto en tu propia piel. * Sentir paz y ser congruente con lo que piensas y lo que haces. * No tener prisa. * Estar completamente satisfecha con lo que estoy haciendo con mi vida y hacerlo con pasión. * Sentirte bien, física, emocional y profesionalmente. * Está ligada con la confianza en tus relaciones, en tu pareja, con tus hijos. * Saber que puedes ser tú sin que esté en juego el amor de quien te importa. * Renunciar a la individualidad para no tener límites de ningún tipo. * Un estado de satisfacción y de bienestar generalizado. * Morir, en el sentido de regresar a la tierra, volver a ser parte de todos los elementos y reintegrarme a este universo. * Hoy, este momento. * 

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En una cascada de Chiapas, otro bello lugar de nuestro hermoso país, sintiéndome plena.

19 Comments

  1. Padrísimo proyecto! Te felicito por animarte a hacerlo. Me gusta mucho cómo escribes. Recuerdo muy bien a tu mamá, muy activa como lo dices.
    Te deseo mucho éxito en todo lo que hagas.
    Un abrazo.

  2. Qué delicia leerte a mis 75 y seguir identificándome con esa fuerza de los 50as! Felicidades Martha por ser quien eres, súper compartida en todo lo que haces que nos llena de satisfacción!!! Sigue por ahí haciendo lo que te gusta cuando se te da la gana y lo haces tan bien! Amo a la familia Montero en pleno… suertudos! Jejeje 😜 La Bel

    1. No me sorprende tan bello trabajo, desde joven siempre admiré todos los libros que tenías y tus escritos. Recuerdo tu clóset lleno de libros muy bien organizados.
      Hermoso trabajo dedicado a las mujeres de ciertos años recorridos… En la edad en la que surgen muchos cambios, físicos, emocionales, gratis y otros no tanto. Gracias por compartir

  3. ¡Te felicito Martha!
    Es un gran proyecto con la mirada en la mujer, esa mujer que somos todas, poderosas en los 50, antes y después. Como así también débiles y susceptibles de sufrimientos, pero que transcurrimos la vida con nosotras mismas, con esas sensaciones y esas vivencias y, muchas veces, con esfuerzo, salimos adelante. Nos habrá costado, nos cuesta o nos costará, pero la fuerza, la fortaleza que nos carateriza hace que nos pongamos en marcha. O que nos hayamos puesto en marcha. Y, quizá lo más importante, es seguir esa fuerza que nos empuja para lograr llegar a la meta propuesta.
    Hiciste un trabajo fenomenal, tus mujeres fueron valientes, no siempre es fácil hablar desde el interior, no siempre es fácil abrirse.
    Nuevamene te felicito!

  4. Querida Martha me parece un proyecto fantástico y deseo lo logres ya!!! Todos esos pensamientos, deseos de tus Poderosas Cincuenta son un manantial de energía, si me permites usare cada día un pensamiento de vivir en plenitud. Es todo un manual de enseñanza para el buen vivir. A mis ochenta años admiro a todas tus Poderosas mujeres!!! Gracias por el proyecto, en mi próxima visita a mi País te contactaré, es un placer estar contigo😘🌸

  5. Increíble proyecto. Gracias por permitirme ser parte de esto tan maravilloso. De poder demostrar, que los 50s son la edad perfecta, maravillosa, con experiencia, sin prisas, pero jóvenes y espectaculares. Gracias Marha

  6. Martha, como siempre, es una delicia leer lo que escribes. Con tu narración me hiciste recordar mi vida cuando la compartía en la misma casa junto a mis padres y hermanos, porque a mi parecer, nos criaron de una forma muy similar. Mis padres también fueron educados de forma conservadora, pero se aseguraron de que nosotros nos desarrolláramos para ser independientes en todos los sentidos, y así fue. Es fantástico saber que hay tantas mujeres de nuestra edad con esa energía y esa forma tan positiva de ver y vivir la vida. Estoy muy feliz de haber participado en tu proyecto y espero que mi intervención aporte algo positivo a la vida de alguien. Me siento afortunada de tenerte entre mis amigos y espero que así siga siendo en el futuro. Tomaré la idea de Leticia Gómez y usaré un pensamiento de Plenitud al comienzo de cada día. ¡Mucho éxito!

  7. Cuándo me comentaste de este maravilloso proyecto, no imaginaba que fuera tan complejo y fascinante y veo reflejado en él todas tus habilidades juntas, como escritora y esa alma de periodista de la investigación de tu don de gente de poder abrir el alma y ser empática.
    Muchas felicidades Martha es muy valioso lleno de sabiduría y amor 🙏

  8. ¡Espectacular Martha! Será hermoso leer este proyecto completito, que asegura horas de conocernos y reconocernos como mujeres poderosas. Muchas felicidades. Delicioso leer tu hábil y cálida pluma.

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